Independientemente mamá

12 Jul 2018

Hace un año no trabajo.

Trabajé siempre, desde siempre cuando trato de hacer memoria me veo trabajando.

Trabajé en una empresa que me hacía muy feliz a nivel profesional y personal, acababa de ser promovida y aun con todo eso se me ocurrió probar suerte y me cambié de empleo.

 

Mala decisión laboral. 

Desde antes del día 1 en esta nueva empresa todo fue caótico, el día uno fue peor y los casi 3 meses que a duras penas sobreviví fueron cada uno peor que el otro.

Me sentí fatal de haberme cambiado de trabajo, en medio de todo este proceso quedé embarazada y los días se fueron haciendo cada vez mas difíciles de llevar.

 

Un día, después de muchos días de llorar, desesperarme, hacerme un mundo, no querer pararme de la cama, no querer ir a trabajar nunca, estar horas en reuniones que eran casi circos romanos, no pude más y decidí por nuestra salud mental, emocional y física RENUNCIAR.

Esta vez no renunciaba para probar suerte, no me iba a otro trabajo, no había otra oficina solo puse mis prioridades en una balanza y listo.

 

Salí un día de aquella oficina, llegué a casa aliviada como si la mochila que había llevado esos pobres 3 meses se hubiera esfumado con tan solo abrir la puerta de mi casa y saber que empezaba un gran ALTO.

Ya pasó un año de eso y no podría sentirme más feliz de lo bueno que me ha pasado desde ese momento.

 

Hoy pasado un año no puedo estar más que agradecida con cada una de las personas que en este proceso me han tendido la mano. Doy gracias a los jefes que he tenido y que me han dado la oportunidad de poder trabajar desde casa, doy gracias a las amigas que me han entusiasmado para tener un pequeño negocio propio al que le voy a poner siempre ganas para que funcione, a aquellas que me llaman cuando hay alguna oportunidad de trabajo y puedo hacerlo por horas.

 

Gracias a mi familia, la de siempre, la que que es de corazón, la que hoy me acoge con cariño.

 

Doy gracias a mis hijas, porque las tengo a mi lado y las disfruto y puedo encargarme de ellas. A Vale que aunque me vuelva loca a veces con sus locuras, olvidos y espasmos adolescentes me regala los te amo más valiosos y es un respaldo para mi, debe ser ella la persona en quien más puedo confiar y con la que puedo contar, y su carácter de volcán en constante erupción me recuerda mucho a mi y me jala a tierra mil veces, me centra.

 

A Luciana, porque sin su colaboración y su apoyo en la casa sería imposible tener tiempo para hacerme cargo de todo y ella tan pequeña es fuerte, noble y paciente y asume con amor cada responsabilidad y favor que le pido y cuida de su hermana menor con una sensibilidad que ya me hubiera gustado tener a su edad.

 

A Catalina, que es una niña adorable, demandante y exigente. Me consume toda la paciencia y al minuto siguiente sus manitos tocándome la cara vuelven a recargarme. Amo verla crecer de mi mano y con mis cuidados. Amo sacarle el jugo a tu tiempo porque se que crecen rápido y una vez que se ponen en pie, la carrera por vivir no para nunca.

 

Amo cada momento de mi vida hoy, es completamente distinta a lo que fue alguna vez y es como nunca me hubiera imaginado y esa sorpresa ha sido reveladora.

 

Amo que la vida me haya enseñado a veces a la fuerza a no aguantar, a no resistir, a no bajar las manos, a sobreponerme al miedo de lo incierto y apostar siempre por la esperanza y ver con optimismo y resilencia el futuro.

 

Hoy tengo exactamente lo que necesitaba, necesitaba de este tiempo, de esta nueva forma de enfrentar los retos.

 

Trabajar desde casa, generar tus propios ingresos y cuidar de 3 niñas y una casa no es fácil, a veces si extraño las facilidades que una oficina te da, tienes un sueldo y un horario y ambos se cumplen.

La casa es otro mundo, no hay sueldo, no hay horario, no hay a donde voltear. Los pendientes no existen porque no puede quedar nada pendiente y el trabajo no para. Se empieza con el desayuno y se acaba cuando todos han cenado, hecho tareas, pasado por la ducha y la luz del cuarto se apagó y doy la última repasada para que las niñas estén bien tapadas y duerman calentitas.

 

Y aun con todo esto, quiero seguir intentándolo un poco más (a menos que aparezca una oportunidad valiosa).

 

Quiero seguir oyendo a las chicas llegar y abrir la puerta y oírlas decir MAMAAAAA!!!, quiero oír sus historias del colegio, de los profesores, de los amigos, quiero seguir haciendo las tareas, practicando para los exámenes, quiero que Cata celebre su cumpleaños feliz con nosotros, quiero hacerle trampa al verano que llegará y hacer que dure para siempre.

Y si hay lecciones aprendidas? ¡Sí!
Ser más acusiosa y analizar mejor las opciones "PROMETEDORAS", porque no siempre lo son.

Siempre, siempre, siempre dejar una buena reputación en los trabajos, ya que son tus potenciales contactos.

 

No tener miedo a renunciar, si no somos felices de cualquier manera (laboral, académica, amorosa, familiar).

 

Ser muy cuidadosos con el dinero y administrarlo con regla, cuando eres independiente tienes el triple de responsabilidad.

 

Y si finalmente estamos en esta situación de ser "INDEPENDIENTES" abracemos ese tiempo a nuestros hijos, exprimamos cada día que nos necesitan, que nos cuentan cosas, que nos reclaman. No seamos mezquinos con los horarios y los plazos.

 

Abracen, carguen, besen, apapachen, engrían, y todo a manos llenas.


Trabajar, tendremos que hacerlo siempre pero nuestros hijos no serán pequeños nunca más.

 

 

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Papá Chancleta

Mi nombre es Said Guerra, aunque hay quienes me llaman también por mi segundo nombre que es Jonathan, tengo 38 años.

Administrador de empresas de profesión, con un posgrado en gestión de procesos, además dirijo la gestión de Recursos Humanos en una empresa privada.

Tengo pasatiempos variados como: leer, escribir, ir al cine, al teatro, adoro los tatuajes, me gustan los perros y también los gatos, colecciono juguetes en miniatura y me apasionan las series como Game Of Thrones, The Walking Dead, The BlackList, etc.

Pero por sobre todas las cosas amo a mis hijas, mi vida gira en torno a ellas y lo disfruto casi casi demasiado.

Las chancletas son dos niñas hermosas, hijas de padres separados que se llevan o intentan casi siempre llevarse bien en beneficio propio pero en especial en beneficio de ellas.

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