Mamá

13 May 2018

Hay veces en que quisiera poder recordar mi niñez a tu lado, por alguna razón no he podido, siento que hay algo que lo bloquea, mis recuerdos no son recuerdos en sí, no míos en todo caso, son escenarios imaginarios armados con los relatos y referencias que tú y la familia han contado y a los que muchas veces me traslado volando hacia ellos para disfrutarlos mentalmente o simplemente para observarlos.

 

El 17 de agosto de 1978, jueves, te imagino sufriendo conmigo, quizá esa era ya una premonición de lo que nos esperaría, traer al mundo a un niño con 4,800 kg por parto natural no lo imagino sencillo, pero lo hiciste, hubo contratiempos, claro, algunos más vergonzosos que otros, pero a las 10:35 am llegué a tu vida y tú a la mía. ¿Qué habrás sentido al verme, al oírme? Creo que no te lo he preguntado nunca, ni tampoco te lo he agradecido, gracias por tremendo esfuerzo.

 

Me dices que era un niño sumamente cariñoso, meloso, besucón; desearía no haber dejado de ser así contigo, no recuerdo el momento exacto en que eso cambió, por lo mismo no sé si hubo una razón única o una suma de razones, de cualquier modo, eso cambió y lo lamento, pero entiendo que así debía ser.

 

En adelante los recuerdos si son míos, no hay forma de que los olvide, en el primero tenía 8 años, papá y tú se separaban, la escena fue horrible, tú corrías dentro de la casa llorando mientras cerrabas puertas y ventanas para que cuando él llegara no pudiera entrar, finalmente llegó y lo oí llorar, reconocer sus errores, arrepentirse, rogar por vernos y luego lo oí irse, esto no debió pasar, no delante de nosotros.

 

En el segundo te recuerdo dispuesta a ser amiga de papá por nosotros, recuerdo verlos conversar por horas, recuerdo verlo venir a almorzar a diario para vernos y hablar contigo, te recuerdo sonriendo y siendo feliz por pasar tiempo con él, recuerdo haber conocido por primera vez en mi vida a la esperanza, estaba dibujada en tus ojos, que digo dibujada, estaba tatuada, ahí empecé a comprender muchas cosas sobre ella, a veces nos juega en contra. También conocí mucha fortaleza en ti durante este tiempo, ser amiga y hasta confidente de quien aún amas no debió ser fácil, ahora lo sé, pero tú lo hacías y no sólo por nosotros, lo hacías por ti, por tus sentimientos hacia él, que valiente fuiste, que sacrificada, demasiado para mi gusto, eso debe haber dolido mucho y estuviste más que dispuesta a soportarlo, fuiste muy arriesgada, y ese es el tema con los riesgos si vas a correrlos debes conocerlos antes, creo que ahí hubo un vacío.

 

El tercer recuerdo claro es del día en que me fui a vivir con papá y toda la historia que acompañó ese momento, no fue agradable pero definitivamente ahí hubo un punto de quiebre en mi vida, no me atrevería a decir si para bien o para mal, pero la persona que soy hoy, y las decisiones de vida que tomé, empezaron a gestarse ese día. ¿Debió ser diferente?, creo que no, me gusta ser quien soy, y sin ese episodio no sería así, ese camino, aunque duro y difícil nos enseñó y cambió a ambos, para bien, y sólo por eso vale la pena.

 

Te recuerdo inventando maneras de resistir a la crisis, improvisando recetas que no existían y encontrando soluciones a problemas tan presentes y tan cercanos que ya casi eran integrantes de la familia, te recuerdo cansada de remar sin avanzar, pero también segura de que no nos íbamos a hundir, al menos no definitivamente, tu sabías que algún día las cosas cambiarían y empezaste a prepararnos para estar listos cuando llegue la oportunidad, nos mantuviste siempre unidos, reforzaste nuestro vínculo, nos diste herramientas para sobrevivir y para lidiar con las carencias explorando tareas y oficios que otros niños no tenían, nos hiciste luchadores, proactivos, trabajadores. Gracias también por eso.

 

Te recuerdo tosca, enérgica, incluso arbitraria queriendo tener siempre la razón por el simple y errado argumento de ser la madre, pero recuerdo más como tuviste que ir doblegando esa postura, pues siendo como fuiste formaste hijos de temperamento tan fuerte como el tuyo y con ideas claras con los que en determinado momento ya no pudiste más.

 

Te recuerdo en las reuniones familiares, queriendo lucir orgullosa a tus hijos, inflando el pecho, jactándote de nuestros logros que, aunque pocos, para ti eran como trofeos de guerra.

 

Te recuerdo abuela, con el temperamento sosegado, como si esas niñas hubieran nacido con el don de domarte, de domar a la fiera y convertirla en su más fiel protectora.

 

Te recuerdo enamorada de papá desde siempre, incluso más de 20 años después de que se fue, eso es algo que me sorprende, nunca hubiera creído que se puede amar así si no lo hubiera visto en ti.

 

Te recuerdo y lo hago mientras vives, porque no pienso esperar a que mueras para decir que eras una buena mujer, ni voy a esperar como en el colegio a que sea el día de la madre para decirte o escribirte que eres la mejor mamá del mundo, porque no creo que lo seas, no creo que nadie lo sea en realidad, he descubierto que el amor que siento por ti no es un amor idealizado o endiosado, es un amor basado en reconocer que respeto cada una de las decisiones que tomaste conmigo, las buenas, las malas y las pésimas, porque cada una de ellas me ha llevado a estar en el lugar en que estoy hoy, porque cada una de ellas me ha ayudado a tomar decisiones importantes como hombre, esposo y padre, porque no sólo le diste forma a mi vida en tu vientre, sino que logras darle forma a mi vida incluso hasta hoy.

 

Quizá no sea una carta tradicional llena de amor y de flores, esta tiene realidad, la misma realidad que me hace quitarme el sombrero ante ti y decirte que te amo, te agradezco y te admiro de muchas formas, tantas como las versiones de ti que has sabido crear durante estos casi 40 años para seguir estando vigente siendo mi madre, la que no cambiaría por nada ni por nadie, porque más huachafa y bruja que seas.

 

Te ama, Jonathan

 

 

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Papá Chancleta

Mi nombre es Said Guerra, aunque hay quienes me llaman también por mi segundo nombre que es Jonathan, tengo 38 años.

Administrador de empresas de profesión, con un posgrado en gestión de procesos, además dirijo la gestión de Recursos Humanos en una empresa privada.

Tengo pasatiempos variados como: leer, escribir, ir al cine, al teatro, adoro los tatuajes, me gustan los perros y también los gatos, colecciono juguetes en miniatura y me apasionan las series como Game Of Thrones, The Walking Dead, The BlackList, etc.

Pero por sobre todas las cosas amo a mis hijas, mi vida gira en torno a ellas y lo disfruto casi casi demasiado.

Las chancletas son dos niñas hermosas, hijas de padres separados que se llevan o intentan casi siempre llevarse bien en beneficio propio pero en especial en beneficio de ellas.

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